LA DIMENSIÓN SAGRADA ENTRE LOS TOJOLABALES

SACRET DIMENSION BETWEEN TOJOLABALES

Antonio de Jesús Nájera Castellanos

anajera@unich.edu.mx

Universidad Intercultural de Chiapas

Recepción 06 septiembre 2015 — Aceptación 11 enero 2016

http://dx.doi.org/10.31644/IMASD.11.2016.a03

Resumen

El presente artículo es un trabajo de investigación de campo realizado a partir de la convivencia con comunidades tojolabales del municipio de Las Margaritas, Chiapas. A continuación se presenta la espiritualidad y lo sagrado desde los pueblos indígenas como la manifestación y la experiencia en el tiempo y en el espacio vivido, en el que la divinidad y la vida misma de los sujetos se desenvuelven y proyectan en el día a día; se trata pues de una interrelación con el universo. Entre los tojolabales la dimensión sagrada se vive de un modo característico y particular cuyas implicaciones se encuentran fuertemente presentes en la vida cotidiana, pues la espiritualidad y lo sagrado posibilita el equilibrio entre las fuerzas que pueblan el universo, es decir, es la vida misma la que se pone en juego. De allí que la dimensión sagrada se concretice a partir de la ritualidad en espacios naturales y sagrados que genera sentido para quienes tratan de mantener los equilibrios antes mencionados. Así pues, una forma de mantener estables las relaciones con las múltiples identidades terrenales y supraterrenales a través de la visita y culto a diversos lugares y espacios que la misma población identifica como sagrados. De allí que las cuevas, los ojos de agua, cerros, minas de sal, zonas arqueológicas o animales vinculados con lo divino, adquieran importancia como espacios depositarios de la memoria histórica del pueblo y como referente cultural de las generaciones pasadas. Por tanto, la dimensión sagrada vinculada a la territorialidad indígena, está en correspondencia a la delimitación ancestral y simbólica que los sujetos le confieren a ese territorio sagrado y las dinámicas propias de significación que le dan al universo de manera real o simbólica. De allí que los símbolos jueguen un papel importante en la interacción entre el universo y los seres humanos.

Palabras clave: Religiosidad, sagrado, ritual, territorio, cuevas, tojolabales.

Abstract

This article is a field research conducted from Tojolabal communities living with the municipality of Las Margaritas, Chiapas. In that it presents spirituality and sacredness from indigenous peoples manifests and is experienced in time and space lived in the divinity and the life of the subjects are developed and projected on a day to day, it is therefore a interrelation with the universe. Thus, among the Tojolabal the sacred dimension is lived in a characteristic and particularly the implications are strongly present in everyday life, for spirituality and the sacred allows the balance between the forces that populate the universe, that is, is life itself that is at stake. So, one way to maintain stable relations with earthly and unearthly multiple identities is through the visit and worship at various places and spaces that the population identifies itself as sacred. Hence, caves, springs, mountains, salt mines, archaeological sites or animals associated with the divine, as spaces become important repositories of historical memory of the people and as a cultural reference of past generations. Therefore, the sacred dimension linked to indigenous territoriality, is in correspondence to the ancestral and symbolic boundary that subjects confer upon that sacred territory and the dynamics of meaning that give the universe of real or symbolic. Hence symbols play a role in the interaction between humans and the universe.

Key words: Religious, sacred, ritual, territory, caves, tojolabales.

LA DIMENSIÓN SAGRADA ENTRE LOS PUEBLOS INDÍGENAS

La espiritualidad y lo sagrado desde los pueblos indígenas se manifiesta y se vive en el tiempo y en el espacio cotidiano, en el que la divinidad y la vida misma de los sujetos se desenvuelven y proyectan en el día a día, se trata de una interrelación con el universo, con el cosmos en el que "todo interactúa y, por consiguiente, todo posee un cierto nivel de vida y de espíritu" (Boff, 1996:60). Sin embargo, en estos tiempos turbulentos, la comprensión del mundo ya no es un asunto de estar en sintonía con el cosmos, el mundo se convirtió en lo que es para los ciudadanos el mundo moderno, un mecanismo desespiritualizado que puede ser captado por los conceptos y representaciones construidos por la razón.

De esta manera, en "estas sucesivas separaciones1 se articulan con aquéllas que sirven de fundamento al contraste esencial que se establece a partir de la formación colonial del mundo entre occidental o europeo (concebido como lo moderno, lo avanzado) y los "Otros", el resto de los pueblos y cultural del planeta" (Lander, 2000:249), es decir, tal colonialidad de lo sagrado como una lectura de la totalidad del tiempo y del espacio de la experiencia humana a partir de esta particularidad, se construye una universalidad radicalmente excluyente a la que están haciendo frente diversos pueblos indígenas, es decir, los que han sido concebidos como los Otros.

Entre esos "Otros", están los tojolabales, uno de los 12 pueblos indígenas que habitan en territorio chiapaneco, especialmente en la región Fronteriza del estado; aunque sus orígenes se han tornado de alguna manera inciertos para los estudiosos, no así para ellos, pues desde tiempos precolombinos han mantenido una relación con sus antiguos compañeros los chuj guatemaltecos.

El pueblo tojolabal ha transitado por una serie de procesos sociohistóricos que lo han conducido a mantener una re-configuración territorial de manera constante a partir de múltiples procesos de colonización, en unos casos, y de desestructuración social por otro, y que por ende, en pleno siglo XXI su territorialidad comienza a hacerse más visible en términos de posicionarse en espacios sociales que por más de un siglo se consideraban espacios ladinos o kaxlanes, tal es el caso de cabeceras municipales como Las Margaritas, Comitán y Altamirano a partir del conflicto armado de 1994. De allí que podamos encontrar núcleos poblacionales tojolabales en los municipios de: Las Margaritas, Altamirano, Comitán, La Independencia, La Trinitaria y recientemente Maravilla Tenejapa.

Por lo tanto, hablar de lo sagrado trata de la sacralidad que postula la existencia humana en su multiplicidad de formas culturales, traducidas en los rezos a los cerros, ojos de agua, cuevas, en las peregrinaciones, concretándose en una relación de respeto y armonía con la madre tierra y madre naturaleza.

De esta manera las concepciones de espacio y territorio sagrado fundamentan y dan sustento a la esencia del pensamiento indígena, puesto que el espacio sagrado tiene por efecto destacar un territorio del medio cósmico circundante y hacerlo diferente (Eliade, 1957). Es decir, el espacio y el tiempo se configuran de tal manera que permite comprender que el tejido epistémico que se construye parte precisamente de reconocer los espacios que se reconocen colectivamente y además con una intencionalidad sagrada, vinculados con la dinámica temporal que ha sido establecida a partir de la experiencia de generaciones predecesoras y que genera sentido en el quehacer cotidiano.

Por lo tanto, la dimensión sagrada entre los tojolabales puede vivirse de múltiples formas y expresiones, pues la relación expresada con la divinidad puede hacerse desde el rezo y visita en la milpa, las oraciones en la ermita, la participación como abanderado, tamborero, cohetero, rezador o peregrino en la romería, promesero ante los ojos de agua, cerros o cuevas, hasta quien ha asumido algún don como parte de la dimensión sagrada. Si bien es amplio el panorama de la dimensión sagrada, en el presente artículo se pretende aproximarnos a esta dimensión desde una primera propuesta de geografía ritual tojolabal y la configuración de espacios y deidades sagradas para este pueblo maya contemporáneo. De allí que se presente a continuación de manera gráfica la geografía ritual tojolabal vinculada a lugares y sitios que se considera sagrados entre los tojolabales.

En el afán de ubicar los diferentes territorios en donde los tojolabales mantienen relaciones de ritualidad y convivencia, podemos proponer la siguiente geografía ritual a partir de varios municipios que forman parte de la franja fronteriza del estado de Chiapas.

Encontramos que los tojolabales mantienen relaciones rituales con otras culturas de la región, con por lo menos tres pueblos mayas contemporáneos, entre ellos se encuentran los tseltales en el caso de Oxchuc; tsotsiles para Venustiano Carranza y chujes en San Mateo Ixtatán en Guatemala. Entre la multiplicidad de espacios y lugares considerados sagrados en la Geografía Ritual Tojolabal que aquí se plantea, se identifican recintos como: cerros, cuevas, minas de sal y zonas arqueológicas. Así mismo, se visitan los recintos sagrados de santos patronos importantes para los tojolabales.

La primera visita que realizan del ciclo ritual del k´u´anel2 y que se ubica al noroeste de la geografía ritual planteada, es la visita a san Caralampio en Comitán de Domínguez, la devoción a este santo patrono de la ciudad se vincula con la protección contra las pestes y las enfermedades que aquejaron en algún tiempo a la población. Posteriormente, la segunda visita que adquiere una importancia sustancial entre los tojolabales es la que se realizan a San Mateo Ixtatán en el país vecino de Guatemala; dicha peregrinación tiene un sentido y significado simbólico para los tojolabales, pues se trata del regreso a su centro de origen en Guatemala de acuerdo a la tradición oral, pues hipotéticamente se relata que tras una disputa por las minas de sal que existen en San Mateo, chujes mateanos y tojolabales sostuvieron una "pelea", lo que condujo que los segundos fueran de alguna manera expulsados gradualmente del territorio chuj guatemalteco y comenzarán a fundar los primeros asentamientos tojolabales en la región lacustre de los valles comitecos.

A lo largo de la peregrinación en San Mateo Ixtatán, los tojolabales realizan una serie de visitas a lugares considerados sagrados y de importancia histórica, es decir, forman parte de la memoria histórica de este pueblo. Así, el primer punto que ha de visitarse son las minas de sal, lugar de enorme sentido simbólico e histórico para este pueblo, además del adoratorio prehispánico; enseguida se hace la visita a la zona arqueológica denominada Wajxaklajunhe (templo 18) que es un lugar sagrado y se vincula como un espacio en el que tojolabales y otros grupos cercanos convivieron durante algún tiempo (chujes mateanos, coatanecos y probablemente q´anjobales). Toda esta peregrinación sin duda alguna posibilita un acercamiento a la cosmovisión de este pueblo y las relaciones interétnicas que se establecen con los grupos guatemaltecos, particularmente con los chuj.

Por otra parte, para el mes de abril por lo regular el siguiente espacio ritual que habrá de visitarse por parte de los tojolabales es el municipio Oxchuc, cuya presencia mayoritariamente del tseltal lo hace convertirse en un espacio de construcción de relaciones entre estos dos pueblos. En este proceso de re-conocimiento inter-cultural la visita a los lugares sagrados, como en el caso del cerro donde según la tradición oral apareció el santo patrono Santo Tomás.

En esta geografía ritual, la presencia de los tojolabales con sus vecinos tsotsiles de Venustiano Carranza también se hace presente a partir de la peregrinación o romería en honor a san Bartolo quien se cree que es el cuidador del corazón de las semillas básicas, de allí la importancia de ir a visitar a este santo y el cerro principal, mismos que forman parte de la geografía ritual tojolabal.

Por otra parte, la visita que los tojol winik-ixukotik realizan al Padre Eterno en el municipio de La Trinitaria, muestra las relaciones que han establecido los peregrinos tojolabales con los rezadores tseltales de este municipio y población mestiza, en donde se han creado alianzas y reconocimientos de ambos grupos. Pues para los tojolabales, los zapalutas o rezadores de La Trinitaria, son quienes conocen el lenguaje ritual para llevar a cabo las peticiones ante santos patronos como el Padre Eterno o San Mateo, pues es en esta lengua ritual en se realizan las peticiones por lluvias, cosechas abundantes y bienestar para las familias, cobrando sentido en su dimensión sagrada.

El municipio de Altamirano y Las Margaritas, son dos espacios territoriales hacia donde los peregrinos tojolabales caminan para venerar a San Carlos y Santa Margarita de Antioquía respectivamente, sin lugar a dudas, ambas poblaciones de ascendencia tojolabal forman parte de esta geografía ritual que han trazado por generaciones el pueblo tojolabal, con la intensión de hacer evidente su dimensión sagrada a través de rituales con sentido agrícola primordialmente.

EL CULTO A LAS CUEVAS COMO ESPACIOS SAGRADOS

El culto a las cuevas consideradas como espacios sagrados, se mantuvo extendido como conocimiento cultural entre los pueblos mesoamericanos, y más aún se ha mantenido en nuestros días en múltiples pueblos indígenas contemporáneos. Por ello, la "montaña y la cueva son un factor hidráulico relevante en la cosmovisión mesoamericana. El templo mismo era considerado como un cerro sagrado que cubría las aguas subterráneas manifiestas a través de los manantiales y cuerpos de agua de las cuevas. La relación que articula a Tláloc con las cuevas y los cerros está personificada por Tepeyollotl, el corazón del cerro, deidad personificada como un jaguar que resume los aspectos preclásicos de cueva, tierra y selva tropical" (Montero, 2004:27).

He aquí una muestra de la personificación de Tepeyollotl en el Códice Borgia.

Ahora bien, nuestra intensión es la de aproximarnos a la dimensión sagrada entre los tojolabales a partir de espacios y territorios considerados sagrados, lo que nos lleva a comprender que de acuerdo a la tradición mesoamericana "el universo está compuesto por tiempo-espacio diferentes y por dos clases de sustancias. Ambos tiempo-espacio son coexistentes; pero uno de ellos -el divino- fue-es causa del otro -el mundano- y seguirá existiendo tras la desaparición de éste. Las dos sustancias son distintas por ser fina, sutil e indestructible la primera; pesada, densa y perecedera la segunda" (López, 2012: 3).

La dimensión sagrada vinculada a la territorialidad indígena, está en correspondencia con la delimitación ancestral y simbólica que los sujetos le confieren a ese territorio sagrado y las dinámicas propias de significación que le dan al universo de manera real o simbólica. De allí que los símbolos jueguen un papel importante en la interacción entre el universo y los seres humanos, que se manifiesta de manera práctica en el culto a espacios considerados sagrados como las montañas, cuevas, grutas, ojos de agua, lagos, lagunas, piedras, zonas arqueológicas o santos católicos.

En este proceso interactivo entre lo terrenal y lo supraterrenal, las relaciones simbólicas propician la ritualidad como un proceso de petición en unos casos y de "pago" en otros por los beneficios recibidos. De allí que estas relaciones que se van entretejiendo entre los espacios sagrados y la ritualidad realizada por los sujetos, constituyen la correspondencia necesaria entre el cosmos y la vida misma.

Si bien "desde que Europa irrumpe en el territorio americano los pueblos indígenas han defendido sus territorios ancestrales a través de la ley de origen, en la cual el territorio es parte de una geografía sagrada, donde se guarda el orden del mundo mediante una serie operativa de rituales" (Zapata, s/f: 1), de allí que la importancia de los sitios sagrados se concentre en mantener el equilibrio de las fuerzas y energías que pueblan la vida y de las acciones y reacciones que tienen los sujetos en su territorio.

Por lo tanto, frente a esta perspectiva:

"los sitios sagrados no deben ser vistos como puntos geográficos específicos, sino como la dimensión expresiva de una forma de entendimiento cultural y de relación con la naturaleza. Se trata de espacios que concentran la potencia de la historia de tal relación: tanto el pasado como el presente e incluso el futuro como anhelo y reivindicación. Son lugares, pues, de conocimiento y aprendizaje, de diálogo y encuentro, de revelación y confesión, de ofrenda y promesa, de peregrinación y de estancia; son recintos para la oración, la contemplación, la reverencia y la humildad" (Limón et al, 2015: 8).

Las cuevas y los cerros son considerados espacios sagrados para múltiples pueblos indígenas en el territorio mexicano; de esta manera los tojolabales consideran a estos espacios como lugares depositarios en donde se mantiene guardado el corazón (k´ujol) o alma (altsil) de las principales semillas que conforman la alimentación básica de este pueblo maya contemporáneo. Así tenemos que en las cuevas están los corazones del maíz (ixim), frijol (chenek), calabaza (k´um), chile (ich) y tsilacayote (mayil), y además se concibe como el hogar en donde habita una entidad metafísica y simbólica que tiene el estatus de una deidad entre las personas de este pueblo, es decir, el rayo o chawuk.

El rayo como entidad supraterrenal se encuentra presente en múltiples pueblos mesoamericanos, ejemplo de ello son los tseltales de Petalcingo quienes "refieren que a san Francisco de Asís se le dice Ktatik, que en lengua tseltal significa "Padre protector de los bienes de consumo de sus hijos. En su ser tiene naguales, uno de ellos es el rayo" (Oseguera y Sánchez, 2011: 23).

Es decir, a partir de estas reflexiones entonces el rayo (chawuk) desde la perspectiva tojolabal estaría siendo la personificación del antiguo Chaak considerado como "Dios…del agua, de los truenos y relámpagos" (Barrera, 1980:77).

Por ello, como mencionan Bassie y Hopkins "In Ch´ol and other Mayan Languages, the concepts of thunder (trueno), sheet lightning (relámpago), and thunderbolts (rayo) are interrelated and sometimes used interchangeably. This overlap in usage and meaning derives from the common origin of all these phenomena: the deity known as Chajk in Ch´ol and as Chahk in the Classic Period. Chahk has been loaned to Yucatec Maya as Chaak" (2015:123) y por lo tanto el Chahk del clásico podría estarse manteniendo en el Chawuk3 (rayo) tojolabal en pleno siglo XXI, de allí la importancia que ha mantenido esta entidad entre el pueblo tojolabal y como un elemento importante en la dimensión sagrada de este pueblo.

Entonces el chawuk se concibe como el guardián de las cuevas y principal promotor de las lluvias y la fertilidad; el rayo tiene su representación tanto en una entidad física como metafísica, en la primera se presenta a través de sujetos que han adquirido el don o cuyo wayjelal o nahual es el de ser rayos. Sin embargo, no es una tarea fácil, no cualquiera puede acceder a tal encomienda, puesto que el rayo es una especie de intercesor con las deidades tanto para la petición de lluvia suficiente como para moderarlas en caso de que se excedan.

Frente a esta necesidad de realizar peticiones de lluvia suficiente y buenas cosechas de los productos básicos de la alimentación, maíz y frijol, el pueblo tojolabal se ha caracterizan por ser ávidos organizadores de romerías o peregrinaciones conocidas en la lengua tojol-ab´al como k´u´anel, entendidas como rituales propiciatorios de la búsqueda de un buen ciclo agrícola. Aunque si bien, se trata de un ritual con gran sentido agrícola, conviene precisar que dentro de las peticiones que realiza el principal o especialista ritual, se encuentra el bienestar de las familias y comunidades participantes, los animales domésticos y la preservación de los lugares identificados como sagrados, particularmente los manantiales, ojos de agua, cuevas y montañas.

Ante este proceso ritual, conviene precisar que cada lugar que se visita en peregrinación tiene "dueño" y por lo tanto debe ser ofrendado y venerado según la tradición de los que antecedieron a las generaciones actuales. Las ofrendas y las promesas, se convierten en elementos complementarios para ir construyendo la relación con la deidad.

Por ello, como menciona un anciano tojolabal "las cuevas y los cerros, son lugares de oración, de perdón, son lugares sagrados para encontrarse con el dueño de la vida"4. En este sentido, el significado que le confieren las personas a estos lugares, es de trascendencia y de vínculo con lo sagrado. De esta manera, durante la visita a los diversos puntos y espacios sagrados, se congregan múltiples devotos y fieles quienes realizan una serie de peticiones y agradecimientos; sin embargo, es el principal o rezador quien tiene la manda y el "don" de poderse comunicar con las deidades, ya sean santos o entidades no físicas, de allí que el rezador entre los tojolabales se considera como hombre rayo, es quien está destinado a convertirse en el intermediario entre las divinidades y las necesidades de la gente, de los peregrinos, pues el hombre rayo es quien sabe pedir la cantidad necesaria de lluvias, la abundancia de las cosechas y la salud para las personas y los animales que participan en la cotidianidad en las comunidades.

Por ello, entender la dimensión sagrada desde la cultura de los tojolabales es entender parte del cosmos, de la naturaleza y de la vida misma de este pueblo. Pues no se circunscribe únicamente a los rezos y cultos adoratorios desde la religiosidad católica o evangélica, más bien, lo sagrado desde los tojolabales está en estrecha relación con las prácticas que le dan sentido y significado a sus modos de vida, entre los que se incluyen los espacios re-conocidos como sagrados. Es decir, estos espacios se conciben como códigos y signos colectivos que conforman una territorialidad espacial mítica, que le da cohesión y memoria histórica al pueblo y que además son concebidos como "porciones territoriales que representan la fusión cargada de sentido entre la naturaleza y las culturas" (Limón et al, 2015: 7).

De alguna manera, la peregrinación entre los tojolabales se convierte en un espacio de liberación y de posicionamiento cultural como lo plantea Dussel al decir que "toda procesión, de alguna manera, es "ocupar" el espacio del dominador: su ciudad, su plaza, su templo, sus calles. Es ganar simbólicamente su espacio" (1983: 579-580).

LA EXPERIENCIA RITUAL TOJOLABAL: EL CULTO A LA CUEVA LA PILETA

La finca denominada Nuestra Señora, se trata de una finca ubicada en el ejido Chihuahua perteneciente al municipio de La Trinitaria, Chiapas; ha sido una tradición por décadas para los tojolabales de diferentes comunidades del municipio de Las Margaritas, la visita en peregrinación hacia esta localidad con la intención de hacer una serie de peticiones en beneficio de sus familias y de la comunidad. Sin duda alguna, la visita al santo Patrono de la finca, se queda como un mero pretexto para poder visitar y dar culto a la cueva (gruta) denominada La Pileta de grandes dimensiones que se encuentra a mitad de camino del recorrido.

La presencia de tojolabales en esta peregrinación es evidente, quienes año con año participan en todo el recorrido que se inicia desde la casa del rezador hasta la iglesia de la finca; cabe aclarar que en el recorrido también se cuenta con la presencia de población tseltal y mestiza del municipio de La Trinitaria.

Desde muy temprano, las comisiones o pandillas salen de las comunidades de al menos dos regiones del municipio de Las Margaritas (los Valles y la Montaña) y se dirigen a la casa del principal o rezador en el municipio de La Trinitaria, Chiapas. Hoy en día este cargo ha quedado bajo la responsabilidad de don Jaime, pues hasta hace un par de años don Teófilo Sántis era el principal u olomal5 en la mayoría de las peregrinaciones que realizan los tojolabales de Las Margaritas y comunidades de La Trinitaria, sin embargo, tras su fallecimiento el cargo es asumido con profunda responsabilidad por don Jaime, pues el asumir el cargo de principal y al mismo tiempo el don de rezador se convierte en un compromiso de vida. Ya que es él quien realiza los rezos en el idioma sagrado, pues se considera que sólo ellos conocen este idioma (es probable que sea una especie de tseltal antiguo, aunque don Jaime menciona que el rezo se realiza en lengua Coxoh).

Resulta curiosa la relación que se establece entre los tojolabales con los rezadores en tseltal, pues nos está hablando de una relación entre ambas culturas desde mucho antes de la llegada de los españoles en tierras chiapanecas y en particular de la región de Los Llanos de Comitán, por un lado. Mientras que por el otro, se percibe también el proceso de colonización y avasallamiento que sufrió el pueblo tojolabal durante el periodo colonial y más recientemente el periodo finquero, produciendo un debilitamiento en cierto elementos culturales como los rezos en lengua, los nombres calendáricos, ritos y formas organizativas de los tojolabales.

Siguiendo esta experiencia etnográfica, por lo regular se llega un día antes a la casa del encargado o principal, ya sea por la tarde o la noche y es allí en donde pernoctan. Sin embargo, entre las pandillas de tojolabales que participarán en la peregrinación, están los tamboreros, carriceros y abanderados que llegan tocando diferentes piezas musicales a la casa del principal, quien los recibe con agrado y fraternalmente invitándolos a pasar e instalarse por lo general en el patio de la casa. Una vez que han ingresado a la casa, tanto tamboreros y carriceros como abanderados y peregrinos pasan a saludar (persignarse) ante el altar familiar del principal, en el que destaca la imagen de San Mateo y otros santos. Ya que han saludado a los santos, proceden a dejar su ofrenda para que descanse; misma que está integrada por veladoras y velas que serán utilizadas para dejar en los diferentes puntos que se visitarán al día siguiente o bien para que sean bendecidas por los santos y los lugares sagrados y se lleven como reliquias a las comunidades de donde son originarios.

Al amanecer, el grupo de tamboreros y carriceros comienzan a tocar las primeras melodías, mientras la quema de cohetes anuncia los preparativos para que aquellos que gusten acompañar la peregrinación, se unan a lo largo del paso del contingente. De la casa del principal salen los tamboreros y carriceros tocando, seguidos de los abanderados con los estandartes de cada comunidad participante y entre ellos, el principal, rezadores y los fieles.

La primera parada se realiza en la iglesia de San Sebastián de la cabecera municipal de La Trinitaria, Chiapas, en donde los peregrinos (entre abanderados, rezadores, tamboreros y carriceros) realizan un conjunto de oraciones católicas e incorporan por primera vez una súplica en el idioma ritual por parte del principal.

El próximo punto para hacer oración e iniciar un proceso de preparación para el recorrido de aproximadamente once horas, es la ermita de la Virgen de Guadalupe ubicada en el barrio Guadalupe Yalixao en La Trinitaria. Tras un par de rezos, los peregrinos inician un proceso de preparación espiritual para iniciar con el caminar por veredas y montañas, sin duda alguna se convierte en una experiencia de convivencia y aprendizaje colectivo; estando en la localidad, el rezador junto con el contingente realiza la oración ritual, se solicita el permiso a la madre tierra y se inicia el proceso denominado "desvestir las banderas" para dar comienzo con el recorrido.

A lo largo del caminar sobre veredas y lomeríos, el contingente va acompañado por la música tradicional tojolabal de tambor y carrizo, quienes van al frente de la peregrinación. El primer punto al que hay que arribar es la cueva llamada La Pileta cuyo recorrido ha de hacerse, aproximadamente, entre 4 y 5 horas de camino; llegado a este punto, el contingente hace una pausa para descansar y prepararse para el inicio del ritual de petición de lluvia y agradecimiento.

El rezador y los encargados se disponen a preparar las candelas y ramilletes que han de ser ofrendados al interior de la cueva, se cuentan los pares de velas que han de utilizarse y son repartidos entre los encargados que ayudan al rezador. Este último es quien inicia este proceso ritual limpiando la cruz del milagro que se encuentra en la entrada de la cueva, para que enseguida se de inicio a la oración principal en la lengua ritual que usa el rezador. Sin lugar a dudas, este es un momento fundante de la relación cosmos-humano, deidad (es)-sujetos, pues se han de introducir a la cueva una vez que se han pedido los permisos necesarios con las entidades que resguardan la misma.

Cuando se ha terminado el rezo principal, se comienzan a dar las instrucciones necesarias para comenzar con el descenso al interior de la caverna. Una vez que ha iniciado el descenso del rezador con los principales, los peregrinos comienzan a ayudar al rezador y encargados para colocar y prender una vela en cada gotera o indicio de agua que van encontrando al interior de la cueva. Al encontrar formaciones pétreas con mayores indicios de agua, es donde se prende un par de velas y se coloca un par de ramilletes como una especie de ofrenda, con la intensión de continuar preservando este vital líquido y solicitar a las deidades conciban la lluvia necesaria para los cultivos. Así también, hay quienes creen que las aguas que se depositan en estas formaciones cavernosas tienen poderes sanadores, pues muchos peregrinos tocan el agua y hacen la señal de la cruz sobre sus cabezas o en alguna parte del cuerpo que requiere ser sanada.

Así también se tiene la creencia que es en estos lugares en donde se mantienen los corazones de las semillas principales que componen la dieta básica cotidiana, por lo general maíz, frijol, chile, calabaza y tsilacayote. Por ello, resulta importante este tipo de visitas para el pueblo tojolabal, pues consiste en un acto fundante para la supervivencia de su dimensión sagrada y con ello, el sentido que tiene en la vida de cada uno de los participantes y como consecuencia a nivel familiar y comunitario.

Finalmente la dimensión sagrada entre los tojolabales se configura en gran medida en la visita a lugares que han sido considerados de manera colectiva como sagrados y que además mantienen una memoria colectiva de las generaciones anteriores, lo que genera sentido en la vida de los sujetos.

BIBLIOGRAFÍA

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Notas

1 Resulta interesante poder hacer énfasis en que tales separaciones o particiones del mundo y de las cosmovivencias, tiene que ver con un sistema cerrado, hegemónico y colonizante, tal como menciona Leonardo Boff "la división entre seres bióticos y abióticos, vivos e inertes, obedece a otra concepción de la realidad, válida únicamente para un sistema cerrado de seres aparentemente conscientes y permanentes, como las estrellas, montañas y cuerpos físicos que se contraponen a los res complejos, dinámicos y vivos. Ahí está justificada. Pero si rompemos esa barrera y descorremos el velo de relaciones y de las interacciones subyacentes a todos ellos, nos damos cuenta que la consistencia y la permanencia se evaporan. Nos encontramos con un sistema abierto y no cerrado. Todos los seres están también a merced de las inter-tretro-relaciones, de las energías y de los campos" (1996:61).

2 La traducción al castellano de k´u´anel es la de romería o peregrinación.

3 De esta manera tenemos que la figura del rayo fue representada de múltiples formas de allí que "the word Chahk "thunderbolt" is represented in Classic period hieroglyphic texts by a portrait of a zoomorphic deity

wearing a Shell earring. Postclassic versions of these Chahk deities are known by the Shellhas designation of God B. The Maya believed that a thunderbolt was either the serpent from of a Chahk deity or the ax of a Chahk that had been hurled through the air" (Bassie y Hopkins, 2015: 124).

4 Fragmento de entrevista realizada al señor Juan Gómez el día 18 de abril de 2014, Las Margaritas, Chiapas.

5 Se le dio la connotación de Olomal, porque precisamente era un personaje importante para la mayor parte de las peregrinaciones que realizaban los tojolabales de Las Margaritas y comunidades del municipio de La Trinitaria, pues fungía como rezador y conocedor de los lugares sagrados (cuervas y ojos de agua) en donde se hacían peticiones para obtener buenas lluvias y cosechas abundantes. Una cuestión interesante en el don de rezador en don Teófilo, fue la habilidad para hacer los rezos y peticiones en el idioma ritual (una especie de lengua tseltal antigua o ya con ciertas incorporaciones del español y no en tojolabal).